Establecimientos gastrónomicos más buscados
Lugares de interés más visitados
Lo sentimos, no hay resultados para tu búsqueda. ¡Prueba otra vez!
Añadir evento al calendario
Nos ajustamos el bañador, nos calzamos las chanclas o los escarpines -porque la jornada combina playas de arena y otras de piedras- y extendemos la toalla bajo la sombrilla. El calor aprieta y no hay nada más apetecible que darse un refrescante chapuzón en las aguas cristalinas de la Costa del Sol. La localidad de Benalmádena, con 9 kilómetros de costa, ofrece opciones para tumbarse a coger moreno en sus amplias playas de arena oscura o en pequeñas calas rocosas, donde suele ser habitual la práctica del buceo. Aquí va un recorrido, siguiendo su amplio paseo marítimo, desde el oriente al occidente.
Comenzamos nuestra jornada playera junto al Puerto Deportivo, inaugurado en 1982 y uno de los más importantes de la costa andaluza, pues no solo atesora más de 1.100 amarres para embarcaciones, sino que además ha sido elegido en varias ocasiones como una de las mejores marinas del mundo. Aquí se concentra gran parte del ocio y restauración de Benalmádena Costa.
La playa de Malapesquera -también conocida como Torrebermeja- es la que aparece retratada en la mayoría de las postales antiguas, donde vienen a bañarse los locales desde hace mucho tiempo. Bastante ancha, de arena y popular, cuenta con un concurrido paseo marítimo que la comunica con la vecina Santa Ana y el castillo El Bil Bil, un palacete de estilo neoárabe, decoración de inspiración nazarí y fachada de intenso color terracota que alberga actualmente eventos culturales del municipio. La playa, que este año ha recuperado la distinción de Bandera Azul, también dispone de una zona ajardinada con palmeras, porterías de fútbol, mesas de ping pong y columpios y máquinas de gimnasia para niños y adultos.
Como telón de fondo, se recorta un skyline de edificios de apartamentos y hoteles. Al fondo, coronando el Cerro del Moro, el repetidor de la sierra de Mijas, uno de los altos (955 metros) más atractivo para los amantes de la bicicleta, como confiesa el fotógrafo de esta ruta, un apasionado de los pedales. Para comer, en el Paseo Marítimo está el buque insignia de todo un referente del pescaíto frito y el marisco de la Costa del Sol: Los Mellizos. Aquí, en 1978, abrieron el primero de sus ocho restaurantes Loli Montero y José Montes, a los que tomaron el testigo sus cuatro hijos, entre ellos, los mellizos Ramón y Floren.
El fondo rocoso de esta cala de 350 metros de longitud es uno de los destinos preferidos de los amantes del buceo y el snorkel. Además, la construcción de un espigón en uno de sus costados, que la separa de Torrequebrada, la protege del oleaje y la hace ideal para los que practican el paddel surf. En la costa de Benalmádena nos encontramos tres antiguas torres de vigilancia del Mar de Alborán, de la época del Reino de Granada, entre ellas la cercana Torre Quebrada, que da nombre a esta pequeña playa.
No hace mucho tiempo, los visitantes comenzaron a montar un improvisado altar de piedras con dedicatorias, firmas y dibujos, presidido por una figura de buda, una deidad hindú y una Virgen del Carmen, patrona de los marineros. Al lado se encuentra el chiringuito Tulum, donde por las tardes (de miércoles a domingo) se puede tomar un cóctel mientras se escucha un concierto de música en directo o una sesión de dj a pie del arenal.
La playa de Torre Vigía también atrae a mucho benalmadense y visitante por el concurrido restaurante La Cala. Un enorme ficus preside la terraza de un establecimiento donde las coquinas, las gambas blancas a la plancha, las almejas salteadas con ajito y perejil, los espetos de sardinas y pulpo hechos en la barca, el rape con gambón y vieira o los arroces protagonizan la carta.
Pasada la playa de Torrequebrada, nos encontramos con una cala de cantos rodados y rompeolas pedregoso, donde es recomendable el uso de escarpines, para evitar percances con los dedos y plantas de los pies. Las Yucas son un conjunto de calitas -la ubicada más al occidente es nudista- de arena de grava, donde apenas caben dos hiladas de sombrillas de paja y hamacas de colores muy vistosos. Es de las pocas naturales que aún se conservan en Benalmádena, pues su ubicación y difícil acceso para la maquinaria ha impedido que tenga aporte artificial de arena. “Cuando viene temporal de poniente, el propio mar nos regala unos 50 metros más de playa”, reconoce Rolo Gorrini, uno de los propietarios de Café-Bar Las Yucas.
Este Solete Guía Repsol es uno de los más visitados a la hora del desayuno en la zona. Ubicado en lo alto de un risco, su terraza tiene una inmejorable vista a la costa. “Abrimos en 2018, en aquella Semana Santa tan famosa porque justo en esta playa encalló una plataforma petrolífera que atrajo a miles de curiosos para tomarle fotos”, recuerda Sergio Scala, el otro socio. Abierto todos los días del año, en Las Yucas son famosos los brunch: de salmón ahumado, de huevos benedictinos, pancakes salados de bacon crujiente y huevo poché o el bagel healthy de pollo braseado con aguacate, tomate y rúcula.
“Contamos con un obrador propio en Torremolinos, el Alto Pavía, donde elaboramos a diario los panes, la repostería y las tartas, que también tiene legión de aficionados”, apuntan los dueños. En la carta hay platos de picoteo, hamburguesas, sándwiches y ensaladas. Mientras, abajo en la arena, una pareja da buena cuenta de su bocadillo envuelto en papel albal y unos niños rellenan un cubo con arena oscura para dar forma a un castillo efímero incapaz de resistir la siguiente ola.
El tronco clavado sobre la roca de la playa de La Viborilla es uno de los escenarios predilectos entre los novios para las fotos de boda. Casi casi igual de fotogénico que el interior del restaurante La Viborilla, decorado hasta el rincón más insospechado con más de 5.000 botijos. “Lo abrieron en 1974 el matrimonio formado por Antonia y Gregorio. A ella le gustaban y empezó a colocarlos encima de la barra, en el pasamanos y colgados del techo. Ahora, tenemos clientes que nos los mandan desde cualquier rincón del mundo, algunos forman parte de colecciones únicas o personalizados con el rostro de la familia”, apunta Marta, una de las encargadas.
Para bajar a la cala de La Viborilla y extender la toalla, es necesario cruzar por el restaurante, donde da la bienvenida la barca con los espetos de sardinas, gambas o patas de pulpo. También son populares sus paellas y las raciones de pescaíto frito. “Además, la familia cuenta con huerto propio de frutales, por lo que los aguacates, pitayas, higos o uvas, en temporada, siempre están disponibles”. Abiertos desde mediados de marzo hasta mitad de octubre, tienen capacidad para 250 comensales y celebran algunos banquetes. Pero viendo los botijos colgados del techo uno piensa que el verdadero quebradero de cabeza es cuando cierren la temporada y tengan que quitarle el polvo y el salitre a tanto cántaro.
La playa destaca bastante por sus aguas cristalinas y la abundante vegetación y fauna marina, que configuran un diverso ecosistema que atrae a muchos aficionados al buceo. Ataviado con las gafas y el tubo, es posible observar morenas, congrios, castañuelas o espirógrafos merodeando entre los huecos del fondo rocoso.
Es una de las playas más pequeñas de Benalmádena, ubicada en la trasera del hotel Benalma. La construcción de dos espigones laterales y uno central le dan la curiosa forma de un cangrejo. Además, la protegen del oleaje y su escasa profundidad hace que sea una de las más familiares, donde los niños pueden disfrutar al máximo de los chapuzones con tranquilidad.
En el rompeolas es habitual ver algunos pescadores lanzando la caña y, desde 2025 es la primera playa libre de humos del municipio, pues está prohibido fumar en sus 250 metros aproximados de longitud y 20 metros de anchura de arena grisácea.
Terminamos nuestro recorrido en la amplia playa -unos 1.200 metros de longitud- que hace frontera entre Benalmádena y Fuengirola. La playa del Carvajal luce el distintivo Q de Calidad y la Bandera Azul y en su arenal conviven, separados por un puente de madera, las torres celestes y amarillas fuengiroleñas y las verdes benalmadense de los socorristas. Aquí no hay problemas de espacio, y cohabitan las hamacas y toallas bajo las sombrillas, los adolescentes que juegan a las palas, los que pasean por la orilla y los niños escarbando huecos para enterrarse hasta la cintura.
Son también muy numerosos los chiringuitos y restaurantes a pie de paseo marítimo. En la zona de Fuengirola está el afamado Los Marinos José (2 Soles Guía Repsol), uno de los templos donde los hermanos Sánchez cuidan con esmero pescados y mariscos del Mediterráneo; o el chiringuito La Cubana, que este verano ha trasladado sus coloridas sombrillas y mobiliario unos cuantos metros de donde ha estado ubicado en los últimos quince años, pero donde Gloria y Raúl siguen apostando por sus cócteles y picoteo.
En el lado de Benalmádena nos encontramos un pequeño rincón gastronómico que luce el Solete Guía Repsol y que lleva el sello del chef Diego Gallegos (Sollo, 2 Soles): Higuerón The Beach Club, con tres espacios integrados en el mismo edificio. En la segunda planta está The Club, con una apetecible infinity pool, una pequeña playa de arena fina y blanca con tumbonas bajo las palmeras, unas camas balinesas con vistas al mar y actividades como yoga o masajes para no salir en todo el día. The Beach es la versión más desenfadada de la propuesta del brasileño Gallegos, con platos como los mejillones franceses con salsa de tomate andino, la lima kimchee con tartar de atún, las almejas abiertas al oloroso y huevas de pez volador, el pollo a la brasa con salsa criolla o el chicharrón de lubina thai a la andaluza. Por último está The Japo, que abre solo por las noches y que, como su nombre indica, rinde tributo al mundo de los sushis, nigiris, makis y sakes.
En general... ¿cómo valorarías la web de Guía Repsol?
Dinos qué opinas para poder mejorar tu experiencia
¡Gracias por tu ayuda!
La tendremos en cuenta para hacer de Guía Repsol un lugar por el que querrás brindar. ¡Chin, chin!