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Con apenas 60 kilómetros de norte a sur y 20 de este a oeste, esta isla en mitad del Atlántico encierra los paisajes más singulares de Canarias, un territorio que no se puede ver en ningún otro lugar de Europa. Si en cada isla, el origen volcánico se nota de alguna otra manera, aquí es elevado a la enésima potencia. No en vano, en Lanzarote los procesos eruptivos han tenido más magnitud e incidencia en el paisaje. Entre 1730 y 1736, antes de ayer geológicamente hablando, una serie de erupciones cubrió más de un tercio de la isla de lava y piroclastos. Coladas de lava petrificada, llanuras aplanadas por la erosión, cráteres y playas de arena negra salpican el paisaje. Un entorno inclasificable, árido, extraño, silencioso y ferozmente bello. Cada rincón parece esconder una historia que te apetece descubrir. Cada parpadeo y cada instantánea tomada aquí son inconfundibles, no puede ser otro lugar. Estamos en Lanzarote.
Esta isla afortunada es como el cine de Almodóvar. Mires donde mires, cada plano, color o composición son únicos e irrepetibles, tienen una “denominación de origen” que marca la diferencia con cualquier otra cosa. El aclamado director manchego sabe muy bien todo lo que ofrece Lanzarote, una actriz más en el elenco de Amarga Navidad. Aquí ha rodado varias secuencias de este filme con el que regresa al cine en castellano tras su experiencia grabando íntegramente en inglés. Elsa (Bárbara Lennie) es una realizadora de publicidad y cineasta de culto marcada por el duelo por la muerte de su madre. Acompañada de sus amigas, interpretadas por Victoria Luengo y Milena Smit), la protagonista huye de Madrid para refugiarse en Lanzarote. Lennie es, junto a Raúl Rosetti (Leonardo Sbaraglia), un trasunto del propio Pedro Almodóvar, que reconoce haber filmado una de sus obras más autobiográficas. Amarga Navidad habla, además de la muerte, de la crisis de creatividad de un director de cine o hasta qué punto puede un creador inspirarse en las vidas ajenas sin pedir permiso. De nuevo, ficción y realidad se entremezclan como un juego de espejos.
Como en cada obra de Almodóvar, las autoreferencias y las historias cruzadas con otras de sus películas son abundantes. Marca de la casa. En esta ocasión, uno de los relatos que contiene su antología El último sueño es el germen e inspiración de este largometraje que se estrena en cines el 20 de marzo. Además, esta es la segunda ocasión que el director se sirve del paisaje de Lanzarote como plató natural. En Los Abrazos Rotos con Penélope Cruz y Lluis Homar ya vimos muchos evocadores retratos de esta misteriosa y evocadora isla. Repasamos los principales localizaciones de rodaje.
En la costa oeste, cerca de Yaiza, está la playa del Chiclo, también conocida como del Golfo, un singular arenal de contrastes cromáticos. El verde de la laguna (que tiene este intenso color por las algas que alberga), el intenso negro de la arena, testigo del cráter del antiguo lugar que una vez estuvo aquí. El resultado es irrepetible y enamoró a la lente de Almodóvar hace ya más de una década. “Nunca había visto colores tan dramáticos en la naturaleza. Para mi no era un paisaje, sino un estado de ánimo. Un personaje”, dijo sobre este paraje en el que ya rodó algunos planos de Los abrazos rotos. En esta segunda ocasión son Bárbara Lennie y Victoria Luengo las protagonistas de la secuencia en este hipnótico lugar que parece de otro planeta. Si planeas una visita, ten en cuenta que la playa es un entorno protegido al que solo se puede acceder a pie tras aparcar el coche a cierta distancia. Desde el mirador del Charco tienes la mejor panorámica y aunque cualquier momento del día es bueno, te recomendamos el amanecer o el atardecer para completar la paleta de colores.
Existe en el mundo un lugar donde la uva crece en el interior de un hoyo negro excavado en ceniza volcánica, protegida del viento por un murete de piedra en forma de media luna. Ese lugar es La Geria, el corazón vinícola de Lanzarote, y su paisaje (entre los municipios de Yaiza y Tías) es tan único y fascinante que lo podemos ver en algunas escenas de Amarga navidad. Las erupciones de 1730 llenaron de ceniza los terrenos más fértiles y los campesinos se vieron obligados a excavar en el terreno para encontrar terreno cultivable. Habían invitado, sin saberlo, una de las viticulturas más singulares del mundo. El resultado es la malvasía volcánica, variedad autóctona de la isla reconocida internacionalmente. Bodegas La Geria y Rubicón son paradas obligadas.
La carretera LZ-56 también protagoniza algunos planos del filme. Un camino muy cinematográfico, por remoto y solitario, que atraviesa el tesoro del Parque Natural de los Volcanes, un símbolo que imprime toda la personalidad de los paisajes icónicos de Lanzarote. Campos de picón negro y conos volcánicos se suceden en el horizonte y solo contrastan con el omnipresente rojo que Almodóvar siempre usa con tanto estilo en su inconfundible fotografía. El Parque Natural conecta directamente con el Parque Nacional de Timanfaya, las célebres Montañas de Fuego. Aquí el suelo todavía quema a pocos centímetros de profundidad, y los camellos que pasean a los turistas por las laderas son el único movimiento que rompe la quietud mineral del paisaje.
Las casas que aparecen en la filmografía de Almodóvar son un género en sí mismo. Nada de paredes blancas, colores neutros y muebles industriales todos iguales. Los hogares tienen vida propia, decoración de diseño y mucha personalidad, tanta como la mirada del cineasta manchego. En esta ocasión, las protagonistas se refugian en una villa de Lanzarote que se encuentra en la zona de La Asomada, en este entorno privilegiado pareciera que este alojamiento está suspendido entre los paisajes volcánicos y el mar. En La Cabaña, que así se llama la propiedad, hay tres dormitorios con vistas panorámicas al Atlántico y una piscina para seguir admirando cada rincón de paisaje volcánico de la isla. La arquitectura sigue los códigos tradicionales de la zona: volúmenes blancos, líneas sobrias e integración en el entorno. A apenas diez minutos en coche se encuentra la Casa Museo de José Saramago y el volcán El Cuervo, lo que la convierte en una base perfecta para explorar el interior de la isla. Un capricho si te apetece revivir la película al máximo, aunque existen propiedades parecidas y todo tipo de opciones en otros puntos de la isla.
El olfato cinéfilo de Almodóvar no podía pasar por alto este lugar con tanta historia. Lagomar nació de la colaboración entre César Manrique y su mano derecha Jesús Soto, que transformaron una antigua cantera volcánica en Nazaret en una de las construcciones más emblemáticas de la isla, hermanada en espíritu con otros lugares imperdibles de Lanzarote como los Jameos del Agua o el Jardín de Cactus. El espacio llegó a pertenecer brevemente a Omar Sharif -sí, el legendario actor de Lawrence de Arabia-, que se enamoró de Lanzarote durante el rodaje de La Isla Misteriosa en los años 70 y compró la propiedad. Hay hasta una leyenda que asegura que se apostó la casa jugando a las cartas y la perdió… Lo que sí que es muy cierto es que este lugar es mágico. Además, puedes aprovechar la visita probar el restaurante de cocina de autor —con Solete Repsol— y bar de cócteles, La Cueva, oculto entre paredes de lava e iluminado con luz cálida.
Excavado en una cueva, este espacio único alberga un restaurante y bar de cócteles. Foto: Lanzarote Film Commission
Es el artista por antonomasia de Lanzarote y está presente desde que aterrizas en el aeropuerto que lleva su nombre y donde se ha rodado también una escena de lo nuevo de Almodóvar. Nuestro director más internacional no se podía olvidar de César Manrique, el pintor y escultor sin cuyo legado no se podría entender Lanzarote. “Me hubiera gustado que César, el hombre que luchó y consiguió preservar Lanzarote del turismo devastador, supiera que su isla ya está inmortalizada en el negativo de mi película”, dijo el director sobre su admiración por Manrique, con el coincidió y conoció por primera vez esta isla en 1986. Si es tu primera vez, no te puedes perder los Jameos del Agua, la obra más emblemática de Manrique, donde una enorme cueva volcánica se convierte en un espacio donde naturaleza y arte conviven de forma inseparable; el Mirador del Río, enclave perfecto para divisar la vecina isla de la Graciosa desde sus grandes ventanales; y la Fundación César Manrique en Taro de Tahíche, su antigua residencia construida sobre cinco burbujas volcánicas, hoy sede de la fundación que preserva su brillante legado.
Fuera de las secuencias de Amarga Navidad, Almodóvar y todo el equipo estableciieron su base de operaciones durante el rodaje en el hotel boutique Palacio de Ico, en la villa de Teguise. Cada rincón de estel hotel, enclavado en una casona señorial del siglo XVII, impregna calma, exclusividad y lo mejor del alma más auténtica de Lanzarote. En sus paredes cuelgan obras de la artista suiza Heidi Bücher y fotografías de César Manrique de los años 70, entre otros. Y en la cocina, el chef Víctor Valverde, formado junto a Martín Berasategui, firma una propuesta de nueva cocina canaria con influencias asiáticas que trabaja casi exclusivamente con producto local: gambas de La Santa, salmón y quesos de Uga, atún y pulpo de la, una propuesta reconocida con un Sol Repsol que merece una visita aunque no te alojes. Teguise, por cierto, es uno de los pueblos más bonitos de España.
Almodóvar no es el primero ni será el último en rendirse a Lanzarote. Antes que él pasaron por aquí directores como Juan Antonio Bardem o Ron Howard. Y entre medias, la playa de Famara -escenario clave de Los Abrazos Rotos- ya había albergado el rodaje de Hace un millón de años, protagonizada por la mítica Raquel Welch. Los cinéfilos tienen muchas ideas para recorrer la isla con el séptimo arte como brújula. Y es que hay algo en esta isla que atrapa a quienes la miran a través de un objetivo: sus paisajes son tan únicos, tan irrepetibles, que la cámara solo tiene que enfocar.
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