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La Alcazaba de Almería desde el cerro de San Cristóbal

Visitamos los monumentos remodelados de la ciudad andaluza

De paseo por la nueva Almería

Actualizado: 26/03/2026

El remodelado Cerro de San Cristóbal, la restaurada Alcazaba y los nuevos jardines de La Hoya son el perfecto punto de partida para redescubrir la ciudad andaluza y perderse por las callejuelas de su centro histórico entre museos y Soletes Guía Repsol.
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Desde la parte alta del Cerro de San Cristóbal la ciudad de Almería parece un sueño. Todo encaja a la vista. Bajo la imponente figura de mármol de Macael del Sagrado Corazón de Jesús la panorámica recoge naturaleza, paisaje, arquitectura, historia, presente y futuro. La muralla de Jayrán redirige la vista hacia la Alcazaba recién restaurada y a los multipremiados jardines de La Hoya, a los que parece proteger. Más allá, los tejados, las ropas al viento en los balcones, el barrio de La Chanca, el centro histórico, la catedral. A sus pies, un legado gastronómico en forma de tapas donde el pescado se siente protagonista, como el Mediterráneo, siempre de fondo.

Jardínes del interior de la Alcazaba de Almería
Recorrer el interior de la Alcazaba regala paz y enseña historia.

Para comprobarlo no hay más que subir las escaleras y rampas que, desde la plaza vieja de Almería, llegan a la cumbre del Cerro de San Cristóbal en apenas unos minutos entre plantas aromáticas y chumberas. “Ofrece perspectivas que nunca hasta ahora se habían podido ver, que ayudan a entender por qué la ciudad se fundó en ese sitio o la intensa relación que ha mantenido con el mar”, relata Juan Antonio Sánchez, la mitad de Kauh Arquitectos, el equipo que ha diseñado los jardines de La Hoya, un poco más abajo. Antes de visitarlos, merece la pena atravesar la muralla y comprobar cómo los distintos asedios a la ciudad en época medieval obligaron a reconstruir las torres defensivas casi de cualquier manera —cada una es diferente a la anterior— e incluso pasear por los alrededores junto a la antigua cantera del Covarrón o el acueducto de La Chanca.

Entrada a la Plaza Vieja de Almería
Entrada a la Plaza Vieja de Almería.

Desde arriba, la vista de los jardines, sorprende. Desde abajo, caminar entre sus islas de vegetación, pasear junto a sus balates restaurados o sus aljibes es una delicia. El proyecto se ideó allá por 2009, cuando el equipo de Kauh Arquitectós ganó un concurso público para remodelar lo que hasta entonces era un solar abandonado y sucio. Finalmente se construyeron entre 2021 y 2023 para dar vida a una parte de la ciudad hasta entonces olvidada. La actuación bebe del propio entorno —desde sus materiales hasta la vegetación— para formar parte del paisaje sin romperlo, mimetizarse con él y, también, convertirse en un pulmón verde. Hoy siempre hay personas allí disfrutando de una caminata, un picnic o de charla en algún banco bajo la protección de la vieja muralla de Jayrān, primer gobernador taifa de la ciudad. “Esa era exactamente la idea: que la gente hiciera suyo el espacio”, dice Sánchez, que cuenta que la segunda fase del proyecto prevé la demolición de algún viejo edificio y la restauración de la fuente de La Polka, de la que hoy solo se conserva el frontal pero cuyo uso se remonta, al menos, al siglo XVIII.

La Alcazaba: líder en visitas

Esa actuación permitirá también un mejor acceso al conjunto monumental La Alcazaba de Almería, un espectacular recinto fortificado que comenzó a levantarse en el siglo X sobre construcciones de origen romano y contó con medina amurallada llamada al-Mariyya, que más tarde dio nombre a la ciudad actual. Es el espacio más visitado —la entrada es gratuita para ciudadanos de la Unión Europea— y está dividida en tres recintos: dos de origen islámico y uno más donde los Reyes Católicos construyeron un castillo tras la conquista de la plaza en 1489. Recorrer sus diferentes espacios —entre jardines, agua, vegetación y piedra— regala momentos de paz mientras se descubre un rincón insólito.

Fachada del Bar Casa Puga en Almería
Casa Puga, un clásico abierto desde 1870.
Pescado seco
El pescado es protagonista en la gastronomía de Almería.

“Se construyó como fortificación pero luego se fue transformando con el paso de lo siglos. Y se fue manteniendo con uso militar hasta los años 30 del siglo pasado”, cuenta Pedro Gurriarán, arquitecto que también es la mitad del estudio Yamur Arquitectura, que trabaja en la restauración del recinto desde 2005. En ese tiempo, su equipo ha tratado de recuperar la alcazaba islámica, corregir las restauraciones de mitad del siglo pasado (“deshacer lo que estaba mal hecho, sin base científica”) y poner en valor cada etapa de su historia. “Y aún quedan cosas por hacer”, sostiene el especialista, que subraya las vistas desde el recinto, que incluyen los jardines y una ciudad sin torres ni estridencias que permiten ver el mar y, al fondo, el Cabo de Gata.

Jardines de la Hoya
Los Jardines de la Hoya han dado vida a una parte olvidada de la ciuadad.

A sus pies, camino de las callejuelas del centro histórico, la primera parada es la Plaza de la Constitución, conocida popularmente como Plaza Vieja. Entre sus imponentes soportales con arcos se ubica el ayuntamiento y, cerca, la oficina de turismo. Más abajo, el bar Bahía de Palma, un histórico de la ciudad, ofrece un buen ramillete de tostadas para el desayuno, tapas para el aperitivo y un sencillo menú —con platos locales como trigo, migas o patatas de Níjar— al mediodía.

De Casa Puga a La Dulce Alianza

Un poco más allá se ubica un mítico del tapeo local, Casa Puga, con Solete Repsol. El jaleo, las voces y la alegría es habitual en este local abierto en 1870. “Aquí lo más clásico son los champiñones y el montadito de atún”, cuenta uno de sus camareros mientras apunta la cuenta a toda velocidad con un lápiz sobre la barra. Asaduras, huevas de maruca con almendras, pinchitos o riñones a la plancha forman parte también de una completa y exquisita carta. Las cañas de cerveza y el vermú conviven aquí con los vinos de Albuñol, deliciosos. Enfrente, la brasería El Quincho ofrece carnes, pescados y verduras a la parrilla. Y, más arriba, en un breve trayecto, tres Soletes más: la Taberna Nuestra Tierra, El Terrao y La Dulce Alianza, pastelería artesanal que pone el toque goloso con sus pepillos, chinitos, capuchinas y tocinillos.

Terraza del bar Bahía de Almería
Tapear en Almería es obligatorio, por ejemplo en esta terraza del Bar Bahía.

A partir de ahí el centro de la ciudad se desparrama en un laberinto de calles por el que merece la pena perderse. Siempre hay Soletes por encontrar con bocados singulares —como las tapas de carne a la brasa y la tortilla al carbón de El Postigo— y sorpresas al girar la esquina. Entre ellas, descubrir, de repente, la Plaza de la Catedral, custodiada desde el siglo XVI por el templo que le da nombre, visitable —entradas de 7 a 17 euros, según las zonas que se quieran conocer o si es una visita guiada— e imponente. También lo es el cercano monasterio de Las Puras, a pocos metros. Más abajo, el Museo de la Guitarra y el Centro Andaluz de la Fotografía, con una interesante programación, enriquecen la mente.

Murec: epicentro del realismo español

Parada obligatoria es el Museo del Realismo Español Contemporáneo, que abrió sus puertas en marzo de 2024 y se ha convertido, sin duda, en un referente gracias a una espectacular colección de casi 400 obras. El impulso de la Fundación de Arte Ibañez Costentino, que lo gestiona, ha sido clave. “No es arte contemporáneo al uso: es un centro que representa a muchos autores que no puedes ver a otros sitios y un estilo que está fuera del circuito”, explica el artista Andrés García Ibáñez, que sostiene que la iniciativa ha conseguido así “llenar un hueco” en la cultura. “El realismo tiene su público y ahora toda esa gente viene a Almería”, añade el creador.

Interior del Museo del Realismo Español Contemporáneo
En el MUREC se exponen obras de Antonio López o Sorolla.

El pintor Antonio López es uno de los hilos conductores en un recorrido por 13 salas que arranca a finales del siglo XIX y viaja —con nombres como Beruete o Sorolla y otros más contemporáneos como Isabel Quinantilla— hasta la actualidad, con trabajos de artistas como Eduardo Milllán o Pepe Baena. Ellos, junto a un grupo numeroso de autores gaditanos, dan el toque actual con obras que resumen el día a día en Andalucía. “Hay una hornada de realismo extraordinario”, celebra García Ibáñez.

Vistas de la ciudad desde el Cerro de San Cristóbal
Almería a tus pies si subes a dar un paseo por el Cerro de San Cristóbal.

Más allá, el parque Nicolás Salmerón, el puerto de Almería y, tras cruzar la rambla, El Cable Inglés, que se adentra en el Mediterráneo para regalar nuevas vistas mientras recuerda el pasado minero almeriense. Para recuperar fuerzas, la cercana barriada de Oliveros acoge a varios soletes: Classijaz, Lubrín, Collage Café, La Tasquilla, Bar Nevada, Bar Chele o El Homenaje Grill & Bar. Toca elegir. Y, quizá, subir después por La Rambla para volver a extraviarse entre las calles del centro y acabar, de nuevo, en el Cerro de San Cristóbal y sus vistas sobre la nueva Almería de siempre.