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Cúpulas de los telescopios en la parte externa de Galáctica.

Observatorio Galáctica (Arcos de las Salinas, Teruel)

Galáctica, un viaje espacial y en el tiempo

Actualizado: 29/05/2026

Fotografía: Mónica Grimal

Lejos de la polución y de la luz de nuestras ciudades, pero muy cerca de la magia de las estrellas, se encuentra el museo astronómico Galáctica, una de las atracciones turísticas, culturales y científicas más impactantes que te esperan en la comarca turolense de Gúdar–Javalambre.

Cantar a pleno pulmón el estribillo: “¿Quiénes somos?, ¿De dónde venimos / ¿A dónde vamos? / ¿Estamos solos en la galaxia / o acompañados?” es una opción fabulosa para recorrer los últimos kilómetros de la curveada carretera A-1514 que lleva hasta el pueblo turolense de Arcos de las Salinas. No sólo porque ese himno de Siniestro Total siempre merece una escucha. También porque la actitud preguntona de su letra es una premonición de lo que aguarda en Galáctica.

Fachada de Galáctica.
Galáctica es el museo astronómico más grande de Europa.

Puede parecer irreverente mezclar la música punk de los gallegos con los contenidos del museo astronómico más grande de Europa (cuando habiliten por completo la zona exterior, será el más amplio del mundo). Sin embargo, ¿acaso no fueron irreverentes en su momento los estudios de Galileo o de Kepler? Por no hablar de la actitud desconsiderada que mantuvo siempre Edwin Hubble, científico insaciable de descubrimientos en el lejano cosmos, pero inaguantable en las distancias cortas. En Galáctica se habla de ellos y de otros muchos estudiosos del firmamento, incluyendo mujeres tan relevantes, como obviadas por la historia, como Vera Rubin o Jocelyn Bell. Todos estos grandes nombres propios se acercaron a la ciencia con el afán de resolver preguntas muy similares a las del famoso estribillo que aún resuena en la cabeza cuando por fin se aparca el coche bajo la arquitectura blanca y elíptica de este modernísimo centro de divulgación de la astronomía.

¿Quiénes somos?

Nos da la bienvenida Nacho Pérez, responsable de Galáctica, que lo mismo está pendiente de las obras que faltan para dejar todo a punto para el 12 de agosto, el día del eclipse total del sol, que realiza visitas guiadas a grupos de escolares y de turistas por estos pasillos del saber. “O más bien del no saber, porque ignoramos prácticamente todo sobre el universo. Aunque lo que conocemos es fascinante e invita a preguntarnos más cosas y querer descubrir más”, nos avisa Nacho antes de empezar la visita: “En Galáctica nos dedicamos a divulgar la ciencia de la astronomía, y lo hacemos gracias a los audiovisuales e interactivos del museo y a las observaciones del cielo que ofrecen nuestros telescopios, pero sobre todo tratamos de usar un lenguaje llano y natural para que cualquiera nos entienda, incluidos los muchos escolares que vienen entre semana”, sigue hablando Nacho, que aprovecha también para presentar a su equipo: Alejandro Vera y Álvaro Comes.

El guía interactúa con los visitantes.
La interactuación es la clave divulgativa de las visitas guiadas.

Entre los tres atienden a los visitantes y realizan un sinfín de actividades, diurnas y nocturnas, para contemplar el firmamento de la mano de auténticos expertos. “Todos los meses solemos agendar actividades, pero para el próximo eclipse total tenemos una programación especial, que incluye música, catering, ponencias y hasta un speaker que narrará el momento como se merece. ¡Un acontecimiento único, qué ganas tenemos!”, sentencia Alejandro, apasionado de las estrellas y sus misterios desde niño.

Hombre mirando por uno de los interactivos del museo.
Hay un sinfín de interactivos durante el recorrido.

Otra de las actividades que programan es la posibilidad de subir al cercano Pico del Buitre, donde se halla el Observatorio Astrofísico de Javalambre, que disfruta del segundo cielo más nítido del mundo, sólo superado por el firmamento hawaiano. Ahí trabajan los científicos del CEFCA (Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón), organismo propietario de Galáctica, pero que delega en la empresa AstroÁndalus la tarea de su explotación divulgativa. Nacho Pérez, al frente de ese empeño, nos invita a pasar al interior del museo, pero antes argumenta: “Lo que diferencia al ser humano de otras especies, es nuestra capacidad de dudar y preguntarnos el porqué de las cosas. Es nuestro don. Así que preguntémonos sobre el cosmos. Adelante”.

¿De dónde venimos?

En astronomía, la escala humana no sirve para nada. Eso es lo primero que se comprueba durante la visita, situándonos ante un mural en el que se resumen los 13.700 millones de años del universo en un calendario imaginario. Las campanadas de ese año ficticio fueron mucho más estruendosas que las que escuchamos ahora con las uvas. A las 00.00 horas de ese 1 de enero fantástico estalló la mayor explosión imaginable, el Big Bang, con la que surgió la materia, el espacio y el tiempo. A partir de ese momento, empezaron a crearse los elementos químicos y las estrellas, mientras el cosmos se expandía imparable. Un proceso prolongado durante miles de millones de años.

La línea del tiempo relatando toda la historia del Universo.
La línea del tiempo relatando toda la historia del Universo.

De nuevo con la analogía del calendario, la Tierra no aparecería hasta nueve meses después, a comienzos de septiembre. O sea, hace 4.500 millones de años, si bien era un planeta todavía inerte, pura química. Todavía faltaban 700 millones de años para que surgieran las formas de vida más elementales. Luego llegarían las formaciones celulares, las plantas, los dinosaurios, su extinción… Y el ser humano, ¿cuándo? El homo sapiens empezó a caminar por aquí hace unos 200.000 años. Lo que, traspasado a ese calendario cósmico, supone el 31 de diciembre a las 23.52 horas. Es decir, de toda la historia del cosmos, el desarrollo humano se concentra en un periodo ridículo.

Un momento de la visita guiada.
La mejor forma de disfrutar del centro es con una visita guiada. Se admiten adultos, niños... y hasta perros.

Tras relatar todo ese proceso, resuena más alta la voz de Nacho diciendo: “Sentíos insignificantes. Somos diminutos. Una especie débil, en un minúsculo planeta que vive gracias a una estrella pequeña ubicada en un rincón oscuro de la galaxia. Somos insignificantes. Pero, al mismo tiempo, formamos parte de ese universo grandioso. ¿Habéis oído alguna vez que somos polvo de estrellas? No es lírica, ¡qué también! Es ciencia”. Fue el gran divulgador Carl Sagan quien pronunció esa frase, y alude a que todos los elementos químicos que componen nuestro organismo -desde el oxígeno y el carbono hasta el fósforo, el potasio o el hierro- tienen origen en estrellas que murieron hace millones de años. Todos los elementos químicos surgen de las estrellas. De manera que de ahí venimos. El 100 % de nuestro organismo ha “vivido” en el universo.

¿A dónde vamos?

El cosmos sigue expandiéndose a día de hoy. Aquí van unos cuantos datos que se aprenden durante la visita a Galáctica: Solamente en nuestra Vía Láctea hay unos 300.000 millones de estrellas, un número respetable teniendo en cuenta que el diámetro de la galaxia se extiende a lo largo de 100.000 años luz. ¡Abrumador, pero sólo es el comienzo! Se estima que hay unos 200.000 millones de galaxias. De todas ellas, la más próxima a la nuestra es Andrómeda, que en noches claras incluso se ve a simple vista, pese a situarse a 2,5 millones de años luz, algo imposible de trasladar a kilómetros. Alejandro nos hace una conversión de esas dimensiones. “Aparte del Sol, que está a 150 millones de kilómetros de la Tierra, la estrella más cercana a nosotros es Próxima Centauri, que se sitúa a poco más de 4 años luz, o sea, 40 billones de kilómetros”.

Cúpula con el telescopio GT80.
El telescopio GT80 permite hacer actividades nocturnas únicas, como ver la Luna como si la sobrevoláramos.

Por cierto, aunque sea la estrella más cercana, no es la que más brilla. Entre otras cosas por su tamaño, ya que es una enana roja. Y es que durante la visita se aprende que las estrellas tienen distintas fases y, por lo tanto, su propio ciclo vital que las lleva a la muerte. Unas mediante una explosión brutal, como ocurre con las supernovas, y otras simplemente por agotamiento energético. Ese es el final que le espera a una estrella pequeña como el Sol, y es obvio que, sin el Sol, e incluso con un Sol más poderoso y brillante, nuestra vida en la Tierra es imposible. Es decir, ahí vamos, a desaparecer.

Panel donde se dice que los cielos de Javalambre son Territorio Starlight.
Los cielos de Javalambre son Territorio Starlight.

La buena noticia es que no es algo inminente. Al menos eso asegura Álvaro Comes durante la observación con telescopio del Sol. Sí; al Sol se le puede mirar en las horas centrales del día. Eso sí, gracias a un aparato con filtros especiales que facilitan la contemplación en vivo y en directo de espectaculares protuberancias solares. O no tan en vivo en y en directo, ya que lo visto por el telescopio ocurrió hace exactamente 8 minutos y 20 segundos, lo que tarda en llegar la luz solar a nuestro planeta.

¿Estamos solos en la galaxia o acompañados?

Nacho, Alejandro y Álvaro no tienen duda alguna de que hay otras formas de vida por ahí. Con todos los datos recogidos sobre galaxias, estrellas, sistemas, etc, estadísticamente es imposible que no la haya en otros rincones del cosmos. Pero está claro que, si la hay, está muy lejana. No sólo en el espacio, también en el tiempo. Porque en realidad observar los cielos es un inspirador viaje en el tiempo. Lo es a simple vista, bajo una bóveda celeste como la que cubre Galáctica. Pero lo es aún más asomados a los telescopios del museo. Ahí aguardan nueve cúpulas, cada una de ellas homenajeando a grandes científicas de la astrofísica y la cosmología. “Las homenajeamos y queremos que sirvan de referente a las niñas que nos visitan”, nos cuenta Alejandro ya de noche cerrada, mientras abre la puerta de la mayor cúpula, la que aloja un telescopio descomunal valorado en cientos de miles de euros.

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“Es el telescopio GT80 y nos permite hacer actividades nocturnas únicas”, cuenta encantado Alejandro. Por ejemplo, ver la Luna como si la sobrevoláramos. O también puede apuntar a la maravilla de los anillos de Saturno o los satélites de Júpiter. E incluso permite contemplar objetos muchísimo más lejanos. Una muestra es la visión de la Galaxia del Sombrero, en la constelación de Virgo. Su nombre se debe a la forma que se aprecia con el ojo pegado al telescopio. Alejandro, después de relatar todas las características de este objeto celeste, demuestra las dotes poéticas que en el fondo tienen todos estos científicos de las estrellas: “A día de hoy, los astrónomos ya no miramos con el telescopio. Estamos analizando datos en una pantalla. Sin embargo, me sigue emocionando la sensación de asomarse a esa lente y dejar que aterricen en el ojo los fotones de luz que salieron de esa galaxia hace 30 millones de años”.

MUSEO ASTRONÓMICO GALÁCTICA. Arcos de las Salinas, 44421 (Teruel). Tel. 613 291 772 – 690 178 727