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Hay alojamientos de los que uno no quiere salir. Eso pasa con Casa Serras. El hotel ubicado en el corazón de la capital andorrana enamora a sus huéspedes redefiniendo el lujo bajo un concepto más cercano y relajado. Recién inaugurado, tiene todas las garantías de un cinco estrellas, pero también la proximidad y la hospitalidad de una “casa”.
“Formamos parte del grupo Serras Collection, pero somos la ‘primera casa’. Para mí es importante destacarlo porque Serras es conocido por su carácter Grand Luxury (en Soldeu, está Serras Andorra con esas características). Nosotros también somos servicio de excelencia, pero desde otro punto de vista. Nuestra esencia va ligada al punto más libre e informal de Fismuler (refiriéndose al restaurante, joya de la corona dentro del hotel)”, explica Cristina Molina, directora del hotel.
Los colores grises y ocres con tonos más claros en las alfombras se suman a la iluminación cálida para transmitir en la misma recepción ese bienestar hogareño del que presume el alojamiento. El lobby está lleno de vida, como en el punto de encuentro de una casa, y late al ritmo que van marcando los clientes con sus idas y venidas, descansos o momentos para tomarse algo. Porque aquí, las mesas y sillones dispuestas alrededor de la recepción —que evoca la forma de una barra— y la propia barra contigua invitan a sentarse y quedarse. El personal del hotel actúa como anfitrión, marcando el tono acogedor del espacio, donde todo parece confluir de manera natural.
Sin embargo, uno no puede permanecer solo en la primera planta, porque aquí hay muchos espacios para dejarse mimar o cuidarse uno mismo. La zona, denominada Casa Wellness, es una propuesta de bienestar integral. Abarca unos 300 m², que incluye gimnasio, zona de aguas, salas de tratamiento y fitness room. “Está diseñada tanto para la desconexión mental como para el cuidado físico”, afirma Cristina sobre este espacio que está abierto a clientes alojados y a visitantes, a través de un programa exclusivo de membresía.
En la apuesta por un servicio personalizado, más allá de la zona de aguas, el centro wellness es un oasis dentro del paraíso. En la sala de tratamientos, se ofertan masajes y tratamientos específicos según necesidades o deseos del huésped; gimnasio con maquinas de última generación y salas para clases dirigidas. Además, hay un entrenador y asesor personal, Cristian Da Cunha, a disposición de los clientes, con conocimientos para mejorar, en una sola sesión, el bienestar de quien lo elige. Y, si el deporte está fuera, para lo que han venido a esquiar, recordemos que Andorra es un destino de nieve, el alojamiento dispone de un servicio de transfer para llevar a sus clientes a las estación de esquí más cercana.
Sus pasillos enmoquetados y silenciosos no dejan entrever que el alojamiento cuenta con 62 habitaciones, ninguna inferior a 30 metros cuadrados. Todas amuebladas con sofás para sentirte como en casa, camas king size, o duchas efecto lluvia para emocionarse cada mañana. Aunque comparten una línea decorativa común, hay diferentes tipos, como las suites cinema, con una gran pantalla en una salita y un sofá de plumas ideal para maratones de series o películas al regresar “a casa”; o las suites de esquina, con una bañera extra grande para relajarse y soñar.
Pero si de algo se muestra orgullosa la directora es del diseño de las habitaciones pensadas para familias. “Las family rooms y las habitaciones comunicadas son una solución ideal porque mantienen la privacidad de toda la familia”, explica Cristina porque estas habitaciones cuentan con puertas que separan la zona de los padres de las literas de los niños. “Esta distribución permite que tanto los adultos como los niños tengan su espacio. Es un gran avance en entender las necesidades de las familias cuando viajan”, algo que la directora considera fantástico y difícil de encontrar en otras propuestas hoteleras.
Con esta idea de entender los deseos de las familias, se ha creado uno de los espacios con más éxito en el alojamiento: Casa Kids. Supervisado por una responsable de confianza, esta fantasía hecha realidad para cualquier niño, dispone de cine con pufs, zona de videoconsolas, futbolín, rocódromo y multitud de juegos. “Los padres disfrutan si saben que sus hijos están bien atendidos y entretenidos”, asegura Cristina enarbolando la filosofía que no solo justifica esta sala sino que también explica su éxito.
Al caer la noche, si se quiere cenar, la opción es Fismuler. El chef Nino Redruello ha llegado a Andorra con toda la esencia del restaurante que arrancó en Madrid, hoy con 1 Sol Guía Repsol. También está abierto para las comidas, aunque las noches en Fismuler son mágicas: música en directo y ambiente íntimo a la luz de las velas. Nino está detrás de todo el concepto gastro del hotel, y vuelves a notarlo en el desayuno, que transforma el espacio para ocuparlo con panes, embutidos, fruta, yogures, dulces espectaculares -incluida su famosa tarta de queso-, y por supuesto, las ofertas de la carta como sus huevos marroquíes, picatostes y hierbas; sus benedict, con rollo de canela, espinaca y remolocha; tostas de aguacate o su gofre, por poner algunos ejemplos de cómo convertir el arranque del día en el momento perfecto.
El tráfico y los transeúntes se agitan en el centro neurálgico de Andorra la Vella. Pero atravesando la puerta de Casa Serras, el ritmo se detiene, la luces se atenúan, las pulsaciones se calman. El alojamiento hace honor a su nombre y a su filosofía: un lugar donde los huéspedes se sienten como en casa. O incluso mejor, si cabe, porque aquí todo está al alcance de un equipo cuya prioridad es el bienestar del huésped.
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